lunes 5 de octubre de 2009
miércoles 29 de julio de 2009
Brevísimas porciones de tiempo Nro. 2
sábado 18 de julio de 2009
miércoles 24 de junio de 2009
martes 26 de mayo de 2009
Sin título, como siempre
La satisfacción de trasladar todo lo que en un momento previo fue puramente mental o ideal, al papel, a la materialidad.
Tanto la acción, la temática, la argumentación y/o el estilo son producto de la traslación de lo interno a lo externo, es decir, lo escrito adquiere una forma material de lo interno. Por ello, hay una desnudez parcial e ineludible a la que uno se enfrenta cuando escribe y cuando es leído.
La circularidad y la nitidez en la selección de palabras justas e irremplazables. La limpieza mental que dicha selección requiere.
Y el vértigo o el goce que conlleva el habitar aquel microcosmos de imágenes, símbolos y representaciones.
martes 5 de mayo de 2009
Sin título Nº 9
miércoles 29 de abril de 2009
La complicidad de los objetos
lunes 20 de abril de 2009
lunes 13 de abril de 2009
lunes 30 de marzo de 2009
sábado 28 de marzo de 2009
martes 24 de marzo de 2009
viernes 20 de marzo de 2009
Brevísimas porciones de tiempo Nro. 1
Subo el ascensor con cervezas y frutas en ambas manos. Bajo de nuevo, compro cigarrillos y vuelvo a subir. Hay dos personas, sentadas en el sillón negro junto a la ventana, charlando con mi novia. Saludo, prendo un cigarrillo y pongo algo de música. Al rato ellos se van y quedamos solos. Guardamos cervezas en la mochila y salimos.
En el bar un viejo cincuentón chilla y salta a más no poder en un escenario. Le siguen dos raperas y un dúo de guitarrista y violinista que interpreta el tema para bailar la bamba se necesita una poca de gracia. El publico los aplaude más que a los anteriores. Pedimos otra cerveza y nos vamos.
Esperando al colectivo siento que pasan treinta minutos cuando apenas pasaron los lógicamente-cinco. Ella se duerme en el viaje de vuelta, yo muevo la cabeza al compás de la música.
sábado 28 de febrero de 2009
domingo 22 de febrero de 2009
lunes 15 de diciembre de 2008
El hematólgo
Escucho que le dice que se dedique a otra cosa si no puede ser médico, que cace mariposas si ni siquiera puede actuar porque compro el título, que es un cagón, que tiene más huevos ella que él, que el paciente se muere si en una hora no está internado en terapia intensiva. Que si no lo interna urgente, va a ir hasta allá y le va a romper la cabeza a patadas. Que si el paciente se muere, le hace un juicio. Que ella no va a dejar que se muera. Le dice que no la llame más- aparentemente el tipo la llama todo el tiempo. Le dice que si no tiene un poco de dignidad que por lo menos le entregue el caso a otro médico que pueda encargarse del asunto. Grita muy nerviosa: “¿Qué esperás que te paguen en euros para salvarle la vida?"
Le repite que es un cagón y corta el teléfono.
Me emociono escuchándola. Quiero ir a abrazarla pero la dejo sola, que descargue sola. No le gusta que la vea en lágrimas.
Al rato, vuelve a sonar el teléfono. Es el director de la clínica.
Mi vieja le describe la situación del paciente. Que tiene una trombosis profunda y que tiene que estar internado en terapia intensiva con una bomba heparina, que debe estar con un anticoagulante. Que si se lo sacan, hay dos posibilidades: que pierda un pulmón o que se muera. Le dice que el hematólogo Oscar Bustamante es un principiante y que lo entiende, pero que no se puede jugar con la vida de las personas. Le sugiere que si el médico no quiere jugarse por el paciente, lo saque del problema. Que aunque la familia no tenga un peso para pagar la internación, que lo salven igual. Que ella no va a cobrarle. (Aparentemente el tipo no tiene obra social que le cubra la internación y por eso no quieren hacerse cargo). Exasperada, le dice que le saquen la mano de encima. Que se comprometió con el hombre de treinta y ocho años y su familia. Que es un deportista y que quiere vivir. Que no quiere ver más al hematólogo cerca. Que no va a ser responsable de la muerte del paciente porque no va a dejar que se muera, que lo va a cuidar como si fuese una parte de su cuerpo. Que hay miles de pacientes en el mundo en esta situación y que se salvan. Repite que no va a permitir que jueguen así con la vida de una persona. Que hay que ser un poco más humilde, tener un poco de dignidad.
El director, aparentemente le dice a mi vieja que “no es su vida”. Mi vieja le contesta sarcásticamente “¡JA! Ya sé que no es mi vida, si lo sabré. Si usted es un comerciante igual que el otro, le sugiero que mande al paciente, en una ambulancia, a otro lado. Eso si le voy a pedir que me den la dirección para ver dónde carajo lo mandaron” y corta el teléfono.
martes 9 de diciembre de 2008
jueves 13 de noviembre de 2008
Energía de una papa (1972)
Nada.
Pongo un disco para que pueda escuchar algo de música. El silencio debe haberlo entorpecido sobremanera. Pongo The Wall: comfortably numb. No sé si lo levantará. Quizá suture, quizá le salga la cascarita y pueda salir de este lugar y que volvamos a ser amigos, qué sé yo, que se libere de una vez por todas de tanto policía mental patentado.
Me aterroriza verlo ahí tirado en el suelo, solo, traumado por todo el abuso verbal que algún hijo de puta efectuó. Creo que voy a mandar todo esto al carajo, voy a entrar, tomarlo de rehén, darle toda la libertad que cualquiera se merece, ¿no? Acá adentro lo van a ablandar mucho más. Que mierda saben ellos lo que es sufrir.
Nunca más supe de él.
miércoles 5 de noviembre de 2008
Sin título (una descripción)

-No puedo dormir, no paro de levantarme para mear.
jueves 30 de octubre de 2008
jueves 25 de septiembre de 2008
jueves 18 de septiembre de 2008
lunes 25 de agosto de 2008
miércoles 13 de agosto de 2008
Sin título Nº5
Intento leer pero el agua me desconcentra.
Saco de mi mochila un boleto de colectivo, escribo:
“El murmullo del agua es más que un simple ruido. Es la calma materializada. La quietud, el equilibrio, el alivio.”
Miro alrededor. Lo de siempre: estudiantes, vendedores, hippies, grupos de personas en pleno pic-nic.
Suena en mis auriculares, a un volumen apenas perceptible, una canción que me introduce en ese estado de conciencia en el que la piedad se apodera de casi todo. Esa compasión (en el buen sentido, nada de misericordia o caridad cristiana) en que las personas se transparentan, dejando a simple vista su naturaleza frágil y su carácter de aliados desconocidos.
El cielo se vuelve más amenazante que lo habitual.
Los árboles, firmes y prudentes, guiñan aquel ojo que no tienen, manifestando cierta lealtad impenetrable.
Los edificios acentúan esa belleza tan (y tan poco) humana.
La música realza estas sensaciones hasta dejarme completamente absorto, maravillado -a la vez que extrañado- con absolutamente todo.
El mundo sin música sería como un eterno caer de precipicio. Siempre al borde de un fin incierto, de un desenlace que no llega.
Sigo esperándola y hace frío.
Me llama al celular, me pregunta dónde estoy.
Guardo el boleto en mi abrigo, traspapelándolo con la demás porquería.
Escribo en mi celular “la literatura es el grito más desesperado y silencioso que alguien pueda examinar. Siempre puede encontrarse, entre líneas, desesperación.”
Llega Melo, en remera y acalorada. Le digo que se abrigue, que se va a enfermar.
Hace un día bellísimo.
jueves 31 de julio de 2008
Por la Panamericana

...si pudiese pasarte todo, si pudiera transmitirte todo, para que no se pierda en palabras, entonces, lo haría en este instante. Ya lo hubiera hecho. Pero todo está diseñado para que tengas que vivirlo. No hay libro que alguien pueda leer para entender todas estas cosas que quiero decirte y no puedo hacerlo. Te toca vivirlas, hijo.
Sin embargo, quiero que tengas en cuenta, asegurarme que sepas que en el amor nunca se puede estar seguro. Siempre puede terminar. No te relajes.
Papá
martes 1 de julio de 2008
El sueño (1937)

jueves 26 de junio de 2008
viernes 23 de mayo de 2008
Sucesión coherente de sonidos y silencios Nº1
Que le gusta el alcohol y la literatura. Que fue punkie, seudohippie. Que esporádicamente se me brota de cinefilia. Que me grita desaforadamente por la calle si le digo, si atino a decir, si levemente doy alguna pauta que le haga pensar que la estoy desvalorizando con algún tipo de comentario, por más directo o indirecto que sea. Feminista. De carácter fuerte o pasivo por momentos, pero nunca sumisa. Independiente hasta la médula. Posesiva como pocas. Si sos de ella, sos de ella y no te hagas el gil. De más está decir que le brota vivacidad por los poros en cada gesto que le da al mundo, al otro, a mí.
Excesivamente viva y pasional es mi mujer y la mejor mujer del mundo. No intento idealizarla, la describo. Es fundamental, natural, magníficamente hermosa por demás.
jueves 22 de mayo de 2008
On the Threshold of Eternity (1890)
Leone Battista Alberti
miércoles 14 de mayo de 2008
Invitación al abismo
Estudiaba publicidad. Por dos razones sencillas: dedicarme a la literatura no era rentable (de todas maneras esto casi no lo evaluaba) y además (y más que nada) me daba miedo el someterme a una posible, para mí en aquel entonces, alienación que me acercaría más a la tristeza que a la acción.
Fue en ese momento cuando apareció Symns, responsable parcial del cambio de rumbo de las cosas. Lo leía y me dejaba una sensación de liberación increíble, adictiva, necesaria. Me olvidaba del resto de las cosas. Las cosas me afectaban menos, eran lisa y llanamente lo que la palabra indica: cosas- nada más que eso.
Por medio de Enrique conocí a Bukowski, autor que toqué y no largué hasta terminar de injerir la ultima gota de la sobredosis que fue, en ese entonces, para mi, su obra. La vida dejaba de ser una amenaza. La vida era bella. Estaba acompañado. Largué publicidad- puta pubicidad- y me tomé un largo medio año sabático en el que: comía, dormía, leía, fumaba, escribía (¡a máquina de escribir!) para luego seguir comiendo-durmiendo-fumando-escribiendo. Escribía con gula, escribía para eliminar toda posible limitación interior, para que esté ahí en el papel, para que sea palpable, para que así no interfiera con el resto de las cosas. Inventaba historias, absolutamente Bukowskianas, en las que imaginaba el tipo de chica demente, alcohólica e independiente que quería tener, el vagabundo que simulaba ser pero que no era, y demás.
A su vez, iban apareciendo Burroughs, Kerouac, Henry Miller, Fante, Dostoievski, Pessoa. Todos ellos eran un alivio, una descontracturación redentora del mundo, un tremendo mimo en el momento indicado.
Es hoy, apenas pasados dos períodos de doce meses, que estudio Letras, carrera que con los años fui idealizando mucho. Carrera que obviamente no fue como pensé que sería. Algo me lo hizo notar el primer día que me senté en el aula. No tardaron en caerse todas mis idealizaciones a las pocas semanas. Quería apartarme, leer solo, no tener que lidiar más con el estudio sistematizado de la literatura y las reglas tácitas de comportamiento académico. No tener el deber de correr una carrera.
Mi ritmo de vida en comparación a aquel 2005, cambió. Ya no escribo durante noches enteras y lo que es peor, no siento que tengan valor aquellas cosas de las que alguna vez sentí un tonto orgullo. Me resulta desagradable aquel librito que publiqué en algún momento y rompo cada hoja escrita a máquina que encuentro.
No guardo el mismo cariño que sentía por Symns ni respeto ya al Buk. Las cosas se encuentran mejor de lo que esperaba que fueran y tengo a la mejor mina del mundo que no es ni loca ni alcohólica. Acádemicamente sigo siendo tan irresponsable como lo era en Publicidad (bueno, quizá un poco menos) pero algo SI cambió inmensamente: las cosas no sólo son sino que se sienten tremendamente diferentes, disímiles, heterogéneas.
A diferencia de Oscar Wilde, quien era un conservador excepcional, con una capacidad de contar incluso superior a la que demostró como escritor, Borges era un orador reflexivo de excepción, poseedor de un atributo que en boxeo se denomina cronaxia rápida: una capacidad de reacción instantánea y mortífera que hace devolver un golpe a una velocidad superior a la posibilidad de recibir ese golpe. Desesperaba y avergonzaba a los típicos periodistas televisivos con sus respuestas descolocadoras. Un caso ejemplar fue el comienzo de la entrevista que el conocido locutor argentino Antonio Carrizo le realizó para un programa cultural.
Carrizo, que siempre se creó fama de intelectual y de amigo de Borges, empezó la transmisión preguntando pomposamente: -Borges, ¿qué es la realidad? -¿Cuál, Antonio: la suya o la mía? –fue la respuesta que dejó en el aire un incómodo e insuperable silencio. Pero, más allá de su literatura, Borges, misteriosamente, llegó a encarnar un mito nacional, pasando a integrar, mucho antes de fallecer, ese estrafalario olimpo argentino en donde puede convivir perfectamente un jugador de fútbol como Maradona, un cantante de tangos como Gardel y un escritor tremendamente intelectual como Borges sin que se molesten entre sí. Paradoja, esa, insondable de un pueblo que escogió a un escritor que probablemente no lo comprendía, porque Borges era tan porteño como puede serlo un alienígena y, más allá de sus fantasías arrabaleras de un pasado de malevos inexistentes, desconocía la geografía tanto real como mítica de la ciudad, y caminaba con pasos mentales por un mundo que tenía mas que ver con la mentalidad sajona que con las callecitas de Buenos Aires. Su asombrosa inteligencia verbal dejaba siempre la incertidumbre sobre la propia. Era como un extraterrestre tratando de disfrazarse de argentino; tan enorme la distancia que existía entre él y sus interlocutores, que jamás se sintió enteramente comprendido.
Recuerdo, sin embargo, un momento inefable cuando asistí a una de sus múltiples y geniales conferencias. Esta versaba sobre Spinoza, a quien Borges consideraba el filósofo más complejo de la historia. La alocución fue ardua y difícil de seguir por la heterogénea concurrencia; en un momento dijo que Spinoza era verdaderamente admirable, se detuvo, suspiró muy hondo y, cambiando el rumbo de su charla, concluyó: -Pero es infinitamente preferible ser amado a ser admirado. Y tuve la certeza entonces, como la tengo ahora, de que aquella frase no era solamente una referencia a Spinoza o una universalización ideológica: Borges estaba hablando de sí mismo, de la fatiga que le producía la admiración que le profesaban y de la enorme ausencia que le generaba la falta de amor de quienes lo rodeaban.
lunes 12 de mayo de 2008
Sin título N°3

jueves 8 de mayo de 2008
jueves 1 de mayo de 2008
Una lista

El dolor tajante de angustia en el pecho.
La tristeza cayéndose en un par de lágrimas.
La nariz rojiza a causa del frío. Las manos y los pies helados.
El intento fallido de conciliar el sueño.
La sed, la saliva espesa.
La tapa de tu libro favorito, doblada.
Tus padres discutiendo.
Una palmada en la espalda.
La sonrisa de Melody.
Las caricias. Los abrazos. Los besos.
El ruido, tan vivo, de la ciudad.
El semáforo que nadie respeta.
El rebelde más sensible.
El policía que llora.
La familia que duerme en la calle.
El sonajero que un colectivo destruyó.
El bebé que llora, la mamá que, para calmarlo, le canta una canción de María Elena Walsh.
El lustrador de zapatos relucientes, impecables, brillantes.
El sueldo que cobraste y que alguien te robó mientras dormías en el tren.
Las viejas compitiendo por quién es la que luce la mejor cirugía estética.
Las palomas a las que les tiras las migajas de pan del sándwich de salame y queso que te comiste.
El militar ateo, homosexual y alcohólico.
El vagabundo que era -que es- médico. Que operó a su hija de urgencia. Hija que no pudo salvarse y murió. Ese que enloqueció y que se fue a vivir abajo del puente. Ese al que le comparto cigarrillos.
El escritor fracasado que nadie nunca leerá puesto que no llegó a publicar ninguna de sus obras.
El miedo a la pérdida.
El peso del conocimiento.
El desamparo del pensamiento excesivo.
El otoño.
El olorcito a torta de chocolate cocinándose en el horno.
jueves 10 de abril de 2008
El derecho a la pereza

http://es.youtube.com/watch?v=LefJy6ieyuY
(En este paréntesis se encuentra escrita, entre signos de exclamación, la onomatopeya en castellano del sonido que produce la pulsación del botón del ratón)
miércoles 26 de marzo de 2008
martes 25 de marzo de 2008
Pascuas.
Todo lo que puedo atinar a decir es: PUUUUUUUUUUUTA.
Bruta. Prostituta, ¡qué batuta!
Mi cabeza separada de mi cuerpo y mi cuerpo separado de mi cabeza.
Huevitos de pascua y White Stripes "Ball and Biscuit" sonando a todo volumen mientras Melody está en el baño hablando por teléfono.
Abro el diario, intento leer la nota de Fresán, de la sección "Libros" de todos los domingos.
Cambio de disco. Pruebo varios. Diferentes temas. Los cambio y sigo buscando el que se adecue mejor a mi cabeza-separada-de-cuerpo casi con gula. Típica melodía inexacta que por alguna razón inexplicable nunca aparece en el momento indicado. Problemática inexorablemente existencial que produce un vértigo exabrupto, una exaltación virtualmente exagerada.
Mi viejo grita. Grita exacerbadamente "HACEME UN CAFÉ. ¡AGUSTINA TRAEME UN CAFÉ! ¡MELODY TRAEME UN CAFÉ! ¡MELODY! ¡UN CAFÉ!
Sigue con sus imperativos riéndose.
Le digo a Melody que no le busque ningún café. Melody intenta pararse e ir, pero la freno. Se queda sentada al lado mío, en el gacebo.
Y nos vamos pasadas una, dos, tres horas.
Tomamos el colectivo.
Ella lee libro de Pizarnik que le regalé, yo escucho música. Leo algunos poemas y sigo perforandome los oídos a un volumen alto. Bastante alto.
Nos bajamos.
Un nene en la vereda juega con su autito de plástico. Juega a atropellar transeúntes. El nene hace su auto chocar contra los pies de las personas. Imagen bella. Muy.
Melody canta "I just don't know what to do with myself. I don't know what todo with myself". Tendría que haberla grabado.
Nos encontramos con su prima Yenny (ver foto) y amigo de facultad en común- Esteban "want to be Sergio" Sargiotto.
Vamos al teatro los cuatro.
Vamos a la casa de want to be Sergio. Comemos.
Vamos a la casa de la prima. Tomamos alcohol.
El día (o la noche) se siente rara. Hasta que el alcohol hace efecto. Y la cabeza (previamente separada) se acopla, nuevamente, al resto del cuerpo.
Todo parece (re)ordenado.
Sin embargo, no obstante, sin obstante:
viernes 14 de marzo de 2008
Laberinto calefaccionado
Qué el ruido del subte sea un mimo. Que los pintores callejeros con sus obras sobre el piso, que los seres más bellamente deformes que caminan mirando el suelo con miedo, que las estatuas vivientes con sus caras maquilladas, que los ciegos que piden limosna y no ven quién les deja una moneda, que el ladrón que estudia los movimientos de aquella chica que se sonrió hablando por teléfono celular, que el tipo que toca el arpa, que la mujer que lo mira y escucha atenta desde su silla de ruedas, que cada persona que sale del laburo a fumar un cigarrillo a la vereda, que el vagabundo que se sienta al lado tuyo y te cuenta que cree en Dios y vos sos lo más ateo que hay, que el extranjero que se para a escuchar el tango que una pareja baila en la calle, que el nene que se revuelca en el piso y te pide si le das un traguito de gaseosa, que el artesano que diseña las artesanías que nadie compra, que la otra estatua viviente, la que está más lejos, la que está ahí sola sin que nadie la mire, que mire su traje tan cuidado, su admirable quietud, que el asesino más tímido, que el idealista más excéntrico, que el triste más triste, que la poetisa que vende sus poemas pero que nadie se los compra, que el misántropo más desequilibrado, que la hinchada del equipo de fútbol que canta y canta y canta mientras vos querés viajar tranquilo (o tranquila) en el colectivo, que las monjas que se toman de las manos y que le hacen la calesita a la otra hermana, que los dos tipos que tocan tambores en la plaza mientras mi novia me grita, que los que sacan a pasear a sus perros y levantan con una bolsita “sus necesidades”, que las personas que me saludan cuando me ven, que las que miran para el otro costado cuando se topan con tu mirada, que la colegiala más humillada por sus pares, que el tipo que lleva un ramo de flores en su mano izquierda- ese que tiene la mandíbula tan hinchada que parece un pelota deforme-, que los y las viejas/os que caminan muy lento por las veredas, que todos ellos reciban un abrazo cuando se sientan solos.
http://www.youtube.com/watch?v=P4ipQQuwPvM
(¡Chequear link!)
viernes 7 de marzo de 2008
Sin título

DOS. Las cosas quedan en su lugar en el momento/lapso/instante en que cierto movimiento cósmico e inexacto las (des)ordena, las deja patas para arriba, con los pelos al viento. Como Dios manda. Como Dios las trajo al mundo. Sabemos que todo está en orden cuando vemos, sin reparo, lo primero que distinguimos al despertar. Ese momento/lapso/instante repulsivo que dura lo que dura un abrir y cerrar de ojos matinal. No sin antes haber degustado, cual vino fino, el aliento propio. Ese sabor tan post-sueño, tan sabe-a-mierda-de-toro-en-corral.
sábado 2 de febrero de 2008
Actuar para poder creer o creer para poder actuar, esa es la cuestión.

Tengo en mente una tira de Tute, que recorté del diario y pegué en la pared, en la que se puede ver a un tipo con cabeza gacha y con una mirada que no mira nada (acaso todo) preguntándose a sí mismo, "¿por qué no puedo ser feliz aún cuando lo soy?
Algo así.
Me pregunto yo, entonces, ¿por qué no puedo ser feliz?
Mejor dicho, ¿por qué no puedo sentirme satisfecho al final del día, por qué siempre falta algo, por qué nunca es suficiente, por qué siempre hay algo desordenado aun estando todo en su lugar, ese algo que jode ahí, bien adentro, por qué mierda?
Prendo otro cigarrillo, sigo escuchando a Billy Corgan y su bandita que quedó en el olvido, su Zwan. Continuo en la ventana asomado, miro la calle de asfalto, la vereda, la casa del vecino, los postes de luz. Me miro en todo aquello. Miro mirando para adentro. Quizá de este modo esté mirando el personaje de la tira. O quizá no.
Y me acuesto a dormir, o en todo caso, cierro los ojos y me hago el que duermo, hasta que por alguna razón (o sin ella, lo mismo dá) engaño a cada grupo, grupete, aglomeración de células (nota al margen: una suerte de autoengaño consciente, sí) y entro en aquel afamado estado de reposo en el que (quisiera creer) se suspende toda actividad consciente y muscular para así darle lugar a las obras cinematográficas más impecables y mejor diseñadas en formato onírico.








