Escucho a mi vieja gritando nerviosísima, con toda sus fuerzas, por teléfono. Le dice a un médico, encargado de un paciente enfermo de treinta y ocho años, que lo interne en terapia intensiva, que el paciente se muere. El tipo, según parece, duda muchísimo para tomar decisiones y mi vieja grita y grita cada vez más.
Escucho que le dice que se dedique a otra cosa si no puede ser médico, que cace mariposas si ni siquiera puede actuar porque compro el título, que es un cagón, que tiene más huevos ella que él, que el paciente se muere si en una hora no está internado en terapia intensiva. Que si no lo interna urgente, va a ir hasta allá y le va a romper la cabeza a patadas. Que si el paciente se muere, le hace un juicio. Que ella no va a dejar que se muera. Le dice que no la llame más- aparentemente el tipo la llama todo el tiempo. Le dice que si no tiene un poco de dignidad que por lo menos le entregue el caso a otro médico que pueda encargarse del asunto. Grita muy nerviosa: “¿Qué esperás que te paguen en euros para salvarle la vida?"
Le repite que es un cagón y corta el teléfono.
Me emociono escuchándola. Quiero ir a abrazarla pero la dejo sola, que descargue sola. No le gusta que la vea en lágrimas.
Al rato, vuelve a sonar el teléfono. Es el director de la clínica.
Mi vieja le describe la situación del paciente. Que tiene una trombosis profunda y que tiene que estar internado en terapia intensiva con una bomba heparina, que debe estar con un anticoagulante. Que si se lo sacan, hay dos posibilidades: que pierda un pulmón o que se muera. Le dice que el hematólogo Oscar Bustamante es un principiante y que lo entiende, pero que no se puede jugar con la vida de las personas. Le sugiere que si el médico no quiere jugarse por el paciente, lo saque del problema. Que aunque la familia no tenga un peso para pagar la internación, que lo salven igual. Que ella no va a cobrarle. (Aparentemente el tipo no tiene obra social que le cubra la internación y por eso no quieren hacerse cargo). Exasperada, le dice que le saquen la mano de encima. Que se comprometió con el hombre de treinta y ocho años y su familia. Que es un deportista y que quiere vivir. Que no quiere ver más al hematólogo cerca. Que no va a ser responsable de la muerte del paciente porque no va a dejar que se muera, que lo va a cuidar como si fuese una parte de su cuerpo. Que hay miles de pacientes en el mundo en esta situación y que se salvan. Repite que no va a permitir que jueguen así con la vida de una persona. Que hay que ser un poco más humilde, tener un poco de dignidad.
El director, aparentemente le dice a mi vieja que “no es su vida”. Mi vieja le contesta sarcásticamente “¡JA! Ya sé que no es mi vida, si lo sabré. Si usted es un comerciante igual que el otro, le sugiero que mande al paciente, en una ambulancia, a otro lado. Eso si le voy a pedir que me den la dirección para ver dónde carajo lo mandaron” y corta el teléfono.
Escucho que le dice que se dedique a otra cosa si no puede ser médico, que cace mariposas si ni siquiera puede actuar porque compro el título, que es un cagón, que tiene más huevos ella que él, que el paciente se muere si en una hora no está internado en terapia intensiva. Que si no lo interna urgente, va a ir hasta allá y le va a romper la cabeza a patadas. Que si el paciente se muere, le hace un juicio. Que ella no va a dejar que se muera. Le dice que no la llame más- aparentemente el tipo la llama todo el tiempo. Le dice que si no tiene un poco de dignidad que por lo menos le entregue el caso a otro médico que pueda encargarse del asunto. Grita muy nerviosa: “¿Qué esperás que te paguen en euros para salvarle la vida?"
Le repite que es un cagón y corta el teléfono.
Me emociono escuchándola. Quiero ir a abrazarla pero la dejo sola, que descargue sola. No le gusta que la vea en lágrimas.
Al rato, vuelve a sonar el teléfono. Es el director de la clínica.
Mi vieja le describe la situación del paciente. Que tiene una trombosis profunda y que tiene que estar internado en terapia intensiva con una bomba heparina, que debe estar con un anticoagulante. Que si se lo sacan, hay dos posibilidades: que pierda un pulmón o que se muera. Le dice que el hematólogo Oscar Bustamante es un principiante y que lo entiende, pero que no se puede jugar con la vida de las personas. Le sugiere que si el médico no quiere jugarse por el paciente, lo saque del problema. Que aunque la familia no tenga un peso para pagar la internación, que lo salven igual. Que ella no va a cobrarle. (Aparentemente el tipo no tiene obra social que le cubra la internación y por eso no quieren hacerse cargo). Exasperada, le dice que le saquen la mano de encima. Que se comprometió con el hombre de treinta y ocho años y su familia. Que es un deportista y que quiere vivir. Que no quiere ver más al hematólogo cerca. Que no va a ser responsable de la muerte del paciente porque no va a dejar que se muera, que lo va a cuidar como si fuese una parte de su cuerpo. Que hay miles de pacientes en el mundo en esta situación y que se salvan. Repite que no va a permitir que jueguen así con la vida de una persona. Que hay que ser un poco más humilde, tener un poco de dignidad.
El director, aparentemente le dice a mi vieja que “no es su vida”. Mi vieja le contesta sarcásticamente “¡JA! Ya sé que no es mi vida, si lo sabré. Si usted es un comerciante igual que el otro, le sugiero que mande al paciente, en una ambulancia, a otro lado. Eso si le voy a pedir que me den la dirección para ver dónde carajo lo mandaron” y corta el teléfono.




1 Asesino(s):
8|! ¿Eso pasó? Contame después.
Abrazo.
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