El romanticismo explicito de una página en blanco y la promesa de que algo, sea bueno o malo, está por suceder.
La satisfacción de trasladar todo lo que en un momento previo fue puramente mental o ideal, al papel, a la materialidad.
Tanto la acción, la temática, la argumentación y/o el estilo son producto de la traslación de lo interno a lo externo, es decir, lo escrito adquiere una forma material de lo interno. Por ello, hay una desnudez parcial e ineludible a la que uno se enfrenta cuando escribe y cuando es leído.
La circularidad y la nitidez en la selección de palabras justas e irremplazables. La limpieza mental que dicha selección requiere.
Y el vértigo o el goce que conlleva el habitar aquel microcosmos de imágenes, símbolos y representaciones.
La satisfacción de trasladar todo lo que en un momento previo fue puramente mental o ideal, al papel, a la materialidad.
Tanto la acción, la temática, la argumentación y/o el estilo son producto de la traslación de lo interno a lo externo, es decir, lo escrito adquiere una forma material de lo interno. Por ello, hay una desnudez parcial e ineludible a la que uno se enfrenta cuando escribe y cuando es leído.
La circularidad y la nitidez en la selección de palabras justas e irremplazables. La limpieza mental que dicha selección requiere.
Y el vértigo o el goce que conlleva el habitar aquel microcosmos de imágenes, símbolos y representaciones.




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